A SUS 83 AÑOS Y EN PLENA PANDEMIA ESCRIBIÓ 2 LIBROS DE HISTORIAS

LOCALES 27 de julio de 2021
Dialogamos mano a mano con Norberto Francisco Gueli, mejor conocido en como Bartolo sobre su reciente faceta de escritor de historias gauchos y linyeras. Además, nos contó recuerdos y anécdotas increíbles sobre su vida laboral, todas dignas de sentarse a ver y escuchar.

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Somos apasionados de mostrar historias reales, de gente real. De esas personas o personajes del pueblo que han vivido miles de momentos dignos de argumentar, grabar y reproducir o transcribir hasta la eternidad. Más de una vez le abrimos el juego a nuestros seguidores, para que nos apunten a los próximos entrevistados. Claro está que ellos deben estar dispuestos a sentarse y hablar. Y para eso, nadie mejor que Bartolo Gueli. 

Por pedido de su sobrino Maxi Bosch, nos acercamos a su casa, vivimos a la vuelta, pero él no lo sabía. Tampoco sabía del portal INFO Mercury (un portal digital que no todos los octogenarios conocen), aunque se sintió a gusto desde que nos hizo pasar a su casa casi sin preguntar a qué íbamos.

Nos acompañó a un palier del fondo que da a un amplio y muy bien mantenido patio, donde Bartolo suele sentarse al sol a pasar el rato o a traficar con alguno de sus inventos. El sol le daba de lleno en casi todo el cuerpo cuando se sentó, excepto en su cara, parecía meramente calculada la posición de ese sillón a razón del andar del sol hacia el oeste. 

Desde que nos sentamos, su esposa, esa misma que por última vez vimos girando una y mil veces la ruleta en las fiestas patronales a la par de él, no paraba de ir y venir por el hogar. Cada tanto paraba para meter su bocadillo, pero era solo un segundo, y seguía camino: delantal mediante, de la cocina al lavadero, del lavadero al patio, del patio al garaje, otra vez a la cocina. Se avecinaba la hora del almuerzo y el 99% de la concentración de esa mujer estaba destinada a eso y nosotros 2 pasamos a un segundo plano. 

Mientras tanto, Norberto, como muy pocos saben que se llama, apoyaba en la mesa sus 2 nuevos hijos, sus libros. Él ya estaba preparado a hablar sobre ellos, como fiel vendedor de calle, ya estaba al pie del cañón para "vendérmelos". Y yo ahí para comprarlos, pero a cambio me iba a llevar una entrevista donde también me cuente detalles de su interminable vida laboral, ya que como dijimos, Bartolo es de la calle, y pocos han tenido tanta calle como él. 

Pero desde el inicio, y luego un par de veces que se lo preguntamos, nos niega rotundamente que las historias volcadas en los libros, surjan de vivencias conocidas en sus andanzas: "El primer libro lo soñé. Me levanté y comencé a escribir sobre este gaucho, y seguí y seguí hasta terminarlo. El otro, habla de la vida de un linyera, no sé aún como se me ocurrió, pero es una muy linda historia, tienen que leerlo" Asegura, mientras nos afirma que ambos están disponibles para los socios de la Biblioteca Comunal de Pilar, y que aún le quedan algunos para la venta en su hogar, de una tirada de 100 unidades que hizo con ayuda de la Comuna de Pilar hace unos meses. 

Ni bien termina de hablar brevemente de sus libros, agradeciendo además a su hijo y a otras personas que nombra en las últimas páginas como grandes colaboradores, empieza a recordar su adolescencia. Viviendo y trabajando en el campo. Más precisamente en la Cremería Santa Ana, donde además de ricos quesos y derivados, se realizaban excelentes juntadas familiares y de amigos. Nos habla de un Pilar de hace 65 años atrás, con una memoria intacta y digna de admirar. Nos cuenta como si fuera ayer, que Santa Ana llegó a tener en el campo su propio club social y de bochas, el cual no estaba afiliado a la regional, pero fue sin dudas muy importante para Bartolo y para los amigos de su época. Según su narración, frecuentaban los domingos ese y otros clubes bochófilos de campo, que años después fueron desapareciendo: "La Cremería funcionaba donde ahora el Flaco Kunz tiene las abejas. Eran 24 socios los dueños de la cremería, y entre todos fundaron el Sportivo Santa Ana. Como no estaba afiliado, todos los bochófilos federados del pueblo, iban para el campo todos los domingos a jugar a las bochas, a chupar y a comer, era una fiesta!! Hablar de Santa Ana es palabra mayor, nunca más se va a vivir algo así".   

Esos años dorados, parecen tener un parate de alegría cuando a los 18 años le toca a Francisco ir a "la colimba": "Fue lo más feo que me tocó en la vida. 2 años interminables. Sortearon, yo tenía el 977, me tocó marina, adeeentro. Al volver hice algunas changas y terminé de Falkemberg, trabajé 6 años en Falkemberg ... era una fábrica que de calzado y ortopedia que estaba donde están ahora los silos de Chautemps. Yo era cortador de botas. Llegaron a trabajar más de 120 empleados, se vendía a todo el país, hasta que por problemas económicos cierra."

Seguramente no fue fácil para Bartolo ni para el otro centenar de compañeros quedarse de un día para el otro sin trabajo y tener que reinsertarse en el ámbito laboral dentro de un pueblo como Pilar: "Otra vez volví a las changas, trabajé de peón de albañil hasta que entré al Hospital, donde trabajé 37 años en mantenimiento, hasta ser jefe de ese sector y luego me jubilé. En esas épocas se trabajaba muy duro en el mantenimiento del Hospital, cortábamos el césped a pala!! no había máquinas de cortar césped!!!" 

Pero antes de pasar a la inactividad laboral oficial, Bartolo ya incursionó en algo que nunca se imaginó que iba a terminar. Porque su andar eterno por cada fiesta patronal de la región, tiene un comienzo y así lo contó ante INFO MERCURY: "Mi hijo quería ir a provincia de Córdoba a vender ropa, a una fiesta. No me convencía que vaya solo, era largo el viaje, así que quise acompañarlo. En el puesto, al lado mío había un hombre de San Francisco, que tenía todo tipo de juegos de quermes. Yo veía que metía y metía plata adentro del bolsillo. Lo estudié todo el día, y al volver a Pilar me puse a armar los juegos. El primer viaje me fui con 2 juegos a Grutly, a la fiesta del pueblo. Al principio tenía vergüenza, no sabía ni con quien hablar para instalarme. A las 22hs ya tenía los bolsillos llenos de plata. Así que al fin de semana siguiente fui a Felicia, a la otra semana a Sarmiento, y siempre agregando juegos y cosas nuevas, todas fabricadas por mi."

"En Santo Domingo, un hombre canoso se acercó y me dijo que no perdía las esperanzas de verme pronto con casilla rodante. Se ve que tenía visión, porque al poco tiempo teníamos una y dejamos de renegar con las heladas, el viento y el frío. Solo nosotros sabemos por lo que pasamos. Teníamos una lona hecha con bolsa de papas, toda la noche sentados abajo esperando que salga el sol para empezar a trabajar de nuevo." 

"Recorrimos toda la provincia, desde Pueblo Casas hasta Porteña, y de ahí a La Pelada. Ya sabíamos cuando era la fiesta de cada pueblo, nos conocían todos. AL principio teníamos juegos, después empezamos a vender artesanías, que era algo más fácil."

Sin dudas, la "ratita de Bartolo" fue uno de los productos más vendidos en la historia de las fiestas patronales. Aunque a la hora de elegir un ingreso de su preferencia, Francisco nos sorprendió con uno de los juegos con los que mejor le fue según él_: "El tumbatarros fue el mejor juego que teníamos. Una vez pusimos un tv color de premio al que tumbaba los 6 tarritos de un solo tiro. Los tarritos eran cuadrados y pesados, no se tumbaban nunca jaja, ya estaba re contra probado que no se lo llevaban nunca al televisor, lo tengo en el ropero." 

Si llegaron a estas líneas, les recomendamos que pongan play en la entrevista que colgamos más arriba y que también quedará en nuestra canal de youtube. Aquí tratamos de resumirla, pero el video muestra más anécdotas y describe tal cual a Norberto y a sus vivencias multicolores.

Gracias Bartolo por la oportunidad de este mano a mano. Y gracias por las miles de sonrisas regaladas con tus juegos y juguetes a a tantos niños y jóvenes de todas las épocas y todos los rincones de la provincia.  

 

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