EL DÍA QUE EL PUEBLO SE REVELÓ CONTRA LA AUTORIDAD MÁXIMA DE PILAR

Malversación de fondos, abuso de poder, borracheras y amenazas con sables. Los primeros y complicados años de un Juez de Paz que el mismo pueblo tomó como prisionero para quitarle el poder.

LOCALES 26/08/2023 Editorial Editorial

Pilar

La organización y colonización de un pueblo como Pilar o cualquier otro, no se da de un día para el otro. En el caso de nuestra localidad, hubo varios idas y vueltas hasta llegar a la fundación de la misma, la cual no quedó registrada en fecha certera.

Aunque festejemos cada 12 de octubre un año más de vida y contabilicemos el año 1876 como el inicial, se sabe que éste no es nada mas que un dato simbólico, pues las primeras familias arribaron un año antes, habiendo además indicios de que incluso en 1874 también habitaban estas tierras otras que luego decidieron irse por diversos motivos: factores climáticos, miedo a malones, un suelo que no les convencía.

Pero ya instalados los primeros habitantes, y diagramada la plaza y las primeras moradas a su alrededor, para que una comunidad crezca desde cero, no solo hacía falta alguien que acerque colonos y que además los guíe comercial y espiritualmente como lo supo hacer Guillermo Lehmann, sino que necesitaban de una autoridad que sea el filtro entre el bien y el mal, lo permitido y lo prohibido. 

Por aquellas épocas, encontrar a alguien con las características adecuadas, y que a la vez sea aceptado por pobladores que llegaban desde diferentes culturas, costumbres y países, no iba a ser nada fácil. 

Esa figura no era aún la del presidente comunal ni tampoco la del intendente o alcalde que otras ciudades ya más desarrolladas solían conocer y respetar. El cargo máximo era el del Juez de Paz, autoridad nexo entre colonos, colonizadores y máximos exponentes provinciales, quienes por ese entonces estaban abocados además a las luchas internas y nacionales para consolidarse como provincia.

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El primero que ocupara ese cargo en este pueblo fue don Pedro Pfeiffer, amigo personal de Lehmann y miembro de un grupo selecto de suizos alemanes que lo acompañaban en su empresa colonizadora por cada rincón donde fundara un nuevo pueblo.

Pfeiffer en primer lugar, se mantuvo por dos años consecutivos y luego fue destituido por causas que no ha sido posible averiguar, aunque se deduce que la idea era delegarle otras responsabilidades mayores, como la de ser el Juez de Paz de una prometedora colonia que se llamaría Rafaela.  En su lugar llegaba don Cesar Costa y con él los primeros problemas. 

Este fue el Juez que provocó ciertos recelos y que por su conducta los pocos y contados vecinos se vieron en la estricta necesidad de tomar represalias, reduciéndolo a prisión y enviándolo en esas condiciones a Esperanza.

Así lo cita una que transcribimos del DIario "El Colono del Oeste' el periódico de don Guillermo que en su número 6 de fecha 13 de Abril de 1878 narraba lo siguiente: "Los colonos de Santa María y Pilar han arrestado a su Juez de Paz para ponerlo a disposición de la autoridad competente. Se fundan para justificar su conducta en el artículo 9 de la Constitución Provincial, alegando haberlo encontrado infragante delito. De todos modos es altamente reprobable el proceder de esos colonos. Si ellos tenían quejas contra el Juez de Paz, debían haberlas hecho valer por los medios legales, sin violencias". 

Parece que, por lo que pudimos averiguar, el arresto no produjo consecuencias y de nuevo lo vemos en funciones a Costa, valiéndonos para confirmar esto, el testimonio de una carta que un señor que se firma "Un vecino" envía a "El Colono del Oeste". Se publicó en el número 33 de fecha 19 de Octubre de 1878, y dice así:

"Octubre de 1878. Señor Redactor de "El Colono del Oeste". Suplico dé cabida en su Semanario a las siguientes líneas. Hoy ha tenido lugar una tropelía por parte de la autoridad en esta plaza, a causa de estar ebrio el vigilante del Juzgado. Acababa de llegar de la colonia San Agustín el colono Carlos Podio, cuando se presenta un vigilante con una botella en la mano pidiéndole el caballo en que había venido bajo pretexto de que era ajeno; el colono dijo que lo entregaría al día siguiente, pues estaba a dos leguas de su casa y no tenía otro para ir a ella; se retiró el vigilante, mas al rato vuelve armado de revolver y sable y le da orden de presentarse al Juzgado inmediatamente. El colono dijo que en ese momento le era imposible, pero que lo haría al día siguiente y llevaría también el caballo; entonces el vigilante, haciendo uso de sable lo hirió en el brazo. Si las personas presentes a este hecho no hicieron nada al vigilante es porque están acostumbrados a respetar la autoridad y trataron de evitar un conflicto que podría tener serios resultados; mas el Juez de Paz no debe dejar que sus vigilantes anden armados de esa manera como si se tratara de prender a un asesino, y así evitará que se repitan escenas como las de hoy. Soy de usted señor Redactor. Un vecino".

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Paremos ahí. Se preguntarán quien era EL VIGILANTE y que función cumplía en la comunidad. Desde 1840, en las grandes ciudades argentinas se impuso la investidura del Vigilante, una especie de policía y sereno, que además de caminar las calles de día, también lo hacían de noche. Sus obligaciones eran, además de las de vigilancia, la de despertar a los vecinos que se lo solicitasen, controlar que las puertas de las casas y comercios estuvieran bien cerradas (llamaban a los propietarios en caso de no estar así), atender las emergencias de los pobladores, por ejemplo, llamar al médico o al sacerdote, volver a encender los faroles o luces que se habían apagado accidentalmente, mantener el orden y velar por el cumplimiento de la ley.

En algunas colonias, a veces hasta se encargaban cada 30 minutos de cantar la hora y el tiempo (cómo estaba el clima). 

Para seguir con la descripción que pudimos recabar de estos curiosos personajes, pudimos saber que actuaban provistos de un farol para alumbrarse y hacer señales, una lanza corta y pistola para defenderse, y un capote con caperuza para protegerse de las inclemencias del tiempo. Lo que no tenemos claro, es si en Pilar, el mismo vigilante era también el Juez de Paz, o una persona a cargo de él, en este caso de Costa.  

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Siguiendo con los reclamos al COLONO DEL OESTE de parte de los primeros pobladores de Pilar, se puede divisar una queja más. Hablamos del señor Adrían Kalbermatten que en Octubre 14 de 1878 envía esta carta al medio: "Señor Redactor de "El colono del Oeste", Tenga usted la bondad de dar cabida en su ilustrado semanario a los renglones siguientes: Ayer y hoy estaba nuestra colonia de fiesta lo que demostraron los cañonazos que tiraron y las banderas que tremolaban arriba de las casas; se festejaba el proceder del Exelentísimo Gobierno por haber suprimido la Municipalidad y nombrado otro juez de Paz. Aplaudamos la medida tomada por el Exmo Gobierno por haber suprimido la Municipalidad que hasta la fecha nada de bueno ha hecho, sino gastar las rentas e intereses municipales en empleados y comisiones sin haber publicado ni siquiera resolución u ordenanza a este respecto así hasta algunos miembros de la corporación lo ignoran, y si se ha hecho un terraplén en la plaza, no ha sido con fondos municipales sino con trabajos personales del vecindario. Se espera que la Comisión nombrada dará luz y publicará en que de empleados y comisiones se han gastado los dineros municipales. Pero mas todavía aplaudimos el nombramiento de don Cornelio de la Casa, dicho señor reúne todas las cualidades necesarias para su cumplir con sus obligaciones y complacer al vecindario, y este último mas todavía por su afabilidad y buen trato con los colonos cuyas cualidades ya le han ganado la estomación y amor de a todos, en cuanto al Juez de Paz lo compadezco y lo siento mucho que después de casi 19 años de trabajo, para obtener el empleo de Juez de Paz en el tiempo que lo ha desempeñado no ha podido ganarse la estimación pública, así es que la grande mayoría está contenta de que no haya cumplido el año. Este mi sentimiento quise expresar con una bandera negra que enarbolé en una casita mía; pero el Juez entrante me ha hecho sacar. Sin embargo la bandera de paz y alegría se quedó y  plegue a Dios que no se deshaga y el señor don Cornelio de la Casa quede todavía muchos años como autoridad. Saludo a usted señor Redactor. Adrián Kalbermatten"

Quiere decirse que, después del atentado al señor Podio de quedar cesante y por lo visto con mucho contento de los colonos que; como en el caso anterior, pretendían exteriorizarlo con actos públicos.

Como se ve, por aquel entonces, eran colonos de pocas pulgas. Imagínense algunos de ellos suizos, otros tanos, otros alemanes, mezclados con criollos. Algunos recién llegados de su Europa natal seguramente esperando otro panorama y otros sin rumbo fijo, moviendo sus familias de colonia en colonia hasta definir el punto fijo, cosa que no todos los grupos lograban hacer en un solo intento.

Cada uno llegaba con sus costumbres, sus modos de expresarse, sus maneras de comunicarse y de exigir hacia las autoridades. 

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Los archivos consultados hablan de que luego fueron Jueces de Paz de la Casa, Madril, Rión, Rodriguez, Rosas, Quijano, Funes, Medina, Pulén, Colombo, Sarsotti y Parpal, quien se desempeñaba aún en 1926, cuando se publicó la Revista EL CAMPO por los 50 primeros años de la fundación de Pilar, revista en la que nos referimos para darles a conocer esta historia. 

Para culminar el informe, podemos confirmar que tras tranquilizarse las cosas con Cornelio de la Casa, como interino al mando, volvió Pfeiffer a ser reelegido en el puesto máximo, precisamente por su buen comportamiento y el cariño que supiera inspirar a los colonos. Lo hizo hasta 1886 cuando se mudó a Rafaela para convertirse en el primer juez de paz de esa colonia, la cual en 1942 ya convertida en ciudad, lo honra a Pfeiffer con una calle a su nombre. 

Ya por ese entonces, Pilar era administrada por una Comisión de Fomento presidida desde el 27 de Abril de 1985 (por eso el nombre de la calle) por Manuel Piombo a quien se entiende como el Primer Presidente Comunal de Pilar. 



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