25 de Mayo: Secretos y curiosidades de la vida cotidiana en 1810

NACIONALES 25 de mayo de 2021
Con diferencias sociales marcadas y riesgos constantes de epidemias, la Argentina crecía desde el puerto hacia el interior. La carne era gratis en ese entonces y cada familia acaudalada tenía al menos entre 10 a 25 esclavos.

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¿CÓMO ERA ESE BUENOS AIRES DE 1810?
En 1810, la actual Ciudad Autónoma de Buenos Aires, se había expandido hasta alcanzar los 6,15 kilómetros cuadrados y era habitada por casi 40 mil habitantes.

La falta de recolección de residuos, sumada a las aguas estancadas y los animales muertos era una de las causas de enfermedades de la época en una ciudad con apenas dos hospitales y 8 médicos. Las fiebres catarrales, la sífilis, la rabia, la tuberculosis y el tétano eran enfermedades habituales en la Buenos Aires colonial, que había sido víctima de tres epidemias históricas: en 1805 de viruela, de sarampión en 1809 y de disentería entre 1810 y 1812.

LA ARQUITECTURA DE LA CIUDAD
Ya no era un poblado en torno a un puerto de contrabandistas, pero tampoco una cuadrícula ordenada. Polvo por doquier y con las lluvias barro. Los registros señalan que los vecinos construían sus casas con la amalgama que elaboraban a partir de la tierra que sacaban de las calles.

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¿DE QUÉ VIVÍAN?
Los españoles e hijos de estos con negocios e influencias, eran los que podían ocupar cargos públicos. Pero ya muchos criollos le peleaban en importancia. Eran los llamados “vecinos”. El 30% de la población era negra y no tenía derechos. Cada familia acaudalada contaba con 25 esclavos y hasta los menos pudientes tenían al menos 10. A los esclavizados se los ocupaba en tareas hogareñas pero también para el comercio como vendedores ambulantes. Por supuesto también había gente de oficio, como talabarteros, albañiles, carpinteros, los que mataban perros y ratas por encargo, trabajadores portuarios y herreros. Y los gauchos que carneaban, entre tantos.

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Los comerciantes más pobres y contrabandistas –a raíz del libre comercio impuesto por el virrey- se apostaban en las calles. Era corriente ver a las lavanderas con una tabla de madera en la cabeza y sobre ella un bollo de ropa, así se le decía. Iban al río a lavar a garrotazos las prendas. A las mazamorreras los niños las llamaban “tías” un uso español. Ellas llevaban sobre sus cabezas un gran cuenco de cuero o tipa con mazamorra caliente. El farolero era otro personaje que recorría las calles pero de noche, con una escalerilla y un farol, iba encendiendo las velas. Las noticias de Europa llegaban en barcos, los días agitados en el viejo continente convulsionaban los ánimos.

TRANSPORTE Y VESTIMENTA
El transporte más popular era el caballo y sólo los pudientes se movilizaban en carruaje. La vestimenta entre la clase alta era confeccionada con telas europeas mientras que la ropa más común entre las clases populares, el poncho o ruana provenía de telares artesanales que tejían la lana de guanaco y vicuña.

PLATOS TÍPICOS
La gastronomía incluía comidas como puchero, carbonada, sábalo frito o guisado; empanadas con carne o pichones; asado de vaca, locro. Muchas comidas llevaban carne ya que el ganado era cimarrón y tenía escaso costo o nulo. Los postres más habituales eran la mazamorra, arroz con leche, yema quemada, torrejas y pastelitos con dulce de membrillo o batata.

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EDAD DE LOS INTEGRANTES DE LA PRIMERA JUNTA

La edad promedio de los miembros de la Junta era de 43 años: el más joven tenía 23 años (Juan Larrea) y el más grande 55 (Miguel de Azcuénaga).

PARAGUAS

El cuadro más conocido sobre aquel episodio del 25 es la imagen de una multitud reunida en lo que hoy es Plaza de Mayo, a varios de ellos se los observa con un paraguas en la mano debido al mal tiempo. Pero, ¿todos podían pagarlo? en ese entonces era un lujo tenerlo por lo que solo deben haberlo llevado dos o tres personas.

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INVITADOS

Quienes estuvieron presentes en el Cabildo abierto, alrededor de 250, fueron hombres que debían cumplir con estos requisitos: estar casado, afincado y arraigados en la aldea de Buenos Aires.

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¿Y LAS MUJERES?

Para salir de la casa, la mujer "honrada y de buena costumbre" solo podía hacerlo para un bautismo, un casamiento y su entierro. Las únicas reuniones sociales a las que asistían eran las famosas tertulias.

FRENCH Y BERUTI

En el colegio nos han dicho que estos dos personajes históricos tuvieron un rol destacado al repartir escarapelas. Lo cierto es que ellos tuvieron a cargo la organización del Cabildo abierto que consistía en admitir o rechazar a los invitados y lo que pudieron haber repartido eran cintas que mostrara un partidismo para los revolucionarios.

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EL CABILDO NO ERA LO QUE FUE HOY

Lo que actualmente vemos hoy es una restauración de 1942 ya que le quitaron los tres arcos de la derecha y los tres arcos de la izquierda. El cabildo abierto se realizó en uno de los salones que debió ser cubierto con tapices y lonas por el frío mientras una multitud esperaba en las afueras por novedades.

LOS GASTOS

La sesión del Cabildo abierto costó 315 pesos para comprar: 16 botellones, vino, chocolate, bizcochos, velas e hila para colgarlas. Además de estos gastos también se imprimieron invitaciones y carteles para anunciar la realización del mismo.

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