MUSEO DE PILAR PREPARA LA PROYECCIÓN DE LA PELÍCULA INDIO EN EL SALÓN PARROQUIAL

LOCALES 30 de agosto de 2022
El film reconstruye la dura vida de Bernardino Fausto San Juan, un mocoví que hacia 1880 se crió con una familia de inmigrantes. En la previa se podrá disfrutar de la Agrupación Coral Pilar. Te contamos fecha y hora.

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El Museo de Pilar continúa apostando a la cultura y la reivindicación  de nuestras raíces.  Por eso mismo organiza para el viernes 16 de Septiembre una serie de proyecciones de una película ideada y filmada en la vecina localidad de Humboldt, basada en una historia completamente fascinante. 

La misma está realizada en un largometraje que se concretó entre finales de 2019 y principios de 2020, antes de la pandemia, y tras un extenso trabajo de post producción se pudo estrenar en abril de 2021, en primer lugar en Humboldt, donde correspondía semejante y esperado evento. Luego, la obra recorrió la región: Esperanza, Santa Fe, San Jerónimo Norte entre otros lugares y ahora es el turno de nuestra localidad, de la mano del Museo local y con auspicio de la Comuna de Pilar.

PROYECCIÓN DE "INDIO, LA LEYENDA DE BERNARDINO SAN JUAN" EN PILAR

La fecha: Viernes 16/9 a las 10:30hs para alumnos y alumnas de 3º, 4º, 5º y 6º año de Escuelas secundarias locales. 
Y ese mismo día, desde las 20:30hs para el público en general, aunque también serán invitados alumnos y alumnas del EEMPA, instituciones  locales y pueblo en general.

En la previa de la jornada nocturna actuará la Agrupación Coral Pilar que fue invitada por Museo para amenizar el evento con sus canciones. 

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Entrada libre y gratuita. Habrá una urna para recibir colaboraciones voluntarias que ayuden con los gastos de mantenimiento y crecimiento del Museo. 

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SOBRE BERNARDINO Y SU INCREÍBLE HISTORIA

Es difícil establecer el año exacto en que comienza a desenvolverse esta trama, pero todo indica que fue hacia 1880, en la zona de lo que hoy es el departamento Las Colonias, en el centro de Santa Fe. Era un tiempo de plena expansión de las colonias agrícolas y durante una expedición hacia el norte del río Salado para expulsar a los indígenas, un grupo de mocovíes se vio obligados a abandonar, en medio de la forzada huida, a dos de sus hijos. Eran una niña de unos cinco años y un niño de dos, que fueron recogidos por los colonos.
 
De regreso a Humboldt, la niña no fue recibida por ninguna de las familias y habría sido trasladada a la provincia de Córdoba, donde la crónica histórica perdió su rastro. Pero el pequeño fue adoptado por la familia de Roberto Zehnder, de origen suizo. “Era una de las familias de más reputación. Lo adoptaron, le dieron el nombre de Fausto y lo criaron bajo las costumbres europeas, entre ellas el idioma alemán”, rememoró el historiador humbolense Raúl Kröhling, quien investigó en detalle la historia. Si bien es una arista que se trata de evitar al repasar la historia, el mocoví fue casi reducido a la esclavitud y obligado a realizar diversas tareas domésticas.

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Bernardino y Rosina con parte de sus hijos.Gentileza Raúl Kröhling

Desde el punto de vista de Kröhling, el caso de Fausto es inusual porque en las colonias de Esperanza no se registran hechos significativos de aborígenes que hayan tratado de atacar a las poblaciones, salvo pequeños robos de caballos. De hecho, era común que pasasen excursiones de aborígenes que bajaban desde el norte por las márgenes del Salado. “La relación entre los colonos de la zona y los nativos siempre fue pacífica. Y la presencia de un nativo criado por colonos no era habitual, es un caso único”, aseguró.

Comienza una aventura
Cuando cumplió 16 años, por la reiteración de los maltratos y los trabajos más pesados, Fausto abandonó a los Zehnder y se trasladó a Grütly, pequeña localidad ubicada a 17 kilómetros. Allí consiguió trabajo como ayudante de carnicero. “Encontró un amigo, una persona en quien confiar y una vida más acorde a la que quería”, consignó Kröhling. Y obtuvo también su nombre, ya que su nueva familia decidió bautizarlo como Bernardino. Y, producto de la devoción que existía en Grutly por San Juan Bautista, patrono de la localidad, incorporaron como apellido la referencia a este santo.

El mocoví criado por los Zehnder, llamado ahora Bernardino, trabajó unos cuatro años en la carnicería, hasta que en 1898 se topó con un folleto que cambiaría su vida. Era el anuncio de que un buque necesitaba reunir marineros en el puerto de la ciudad de Santa Fe para iniciar una travesía por diversos puertos del mundo. “La avidez por nuevos horizontes y el espíritu inquieto llevaron a Bernardino a pedir autorización a su tutor, quien se la cedió. Viajó a caballo a Santa Fe y se sumó a la tripulación”, explicó Kröhling. 

El viaje le permitió a Bernardino no sólo conocer puertos exóticos, sino hacerlo desde un lugar privilegiado. Es que, como había sido criado por una familia suiza de habla alemana, manejaba ese idioma a la perfección. Lo cual le permitió, en distintos lugares, oficiar como traductor para el capitán del barco. En uno de los dos viajes que hizo alrededor del mundo, llegó a ser traductor entre su superior y la reina Victoria de Inglaterra, quien ejerció como monarca hasta 1901. “La reina estaba casada con Alberto de Sajonia y descendía de una dinastía alemana, entonces manejaba bien el alemán”, recordó Kröhling.

Quince hijos
Tras ejercer como marino a lo largo de cuatro años, a Bernardino le ofrecieron sumarse a un nuevo viaje, pero él decidió, en cambio, regresar a la provincia de Santa Fe para iniciar una nueva vida. Poco tiempo después de su llegada a Humboldt, conoció a una mujer suiza, hija de inmigrantes, de quien se enamoró. Los padres de ella no aceptaron esa relación, pero a pesar de todo, se casaron y tuvieron 15 hijos, Rosa, Ana, Célico, José, Luis, Roberto, Florentina, Avelino, Marcelo, Florencio, Angélica, Sibila, Dolly, Laura y Edito.

En los años venideros, Bernardino Fausto San Juan mantuvo a flote a su familia a través de su trabajo en el campo, como integrante de las cuadrillas que se ocupaban en la trilla del trigo, el lino y el maíz que desde los campos santafesinos iba a parar a esos puertos que el propio “Falucho” había visitado. Vivió el resto de su vida en la región, pero falleció de neumonía en forma prematura cuando apenas había pasado los 50 años. Sus descendientes todavía viven en Humboldt.

Con extractos de LA NACIÓN.

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