UN HOMENAJE A LA MEMORIA Y LAS RAÍCES EN EL SESQUICENTENARIO DE PILAR

Héctor Cattena y un relato escénico que conmovió a la comunidad en la Biblioteca Popular
 
LOCALES05/10/2026EditorialEditorial

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En el marco de los festejos por los 150 años de Pilar, la Biblioteca Popular se convirtió en el escenario de una velada tan íntima como profunda. Allí se presentó “Los que se fueron y los que se quedaron. Historias de pueblos, ausencias y recuerdos”, un relato escénico que logró conectar a los presentes con su propia historia colectiva.

La obra, escrita y puesta en escena por Héctor Luis Cattena, contó con la interpretación vocal y narrativa de María Almada, acompañada por la sensibilidad musical y la voz de Betina Boetto. Durante casi una hora, la sala entera acompañó la propuesta en un silencio respetuoso que, de manera progresiva, se transformó en pura emoción.

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Entre la ausencia y la pertenencia

El desarrollo de la puesta transitó por los matices inconfundibles de la vida en los pueblos del interior, donde las distancias y los arraigos marcan a las familias. Uno de los pasajes más conmovedores de la noche ocurrió cuando resonaron las palabras:

“Los que se fueron aprendieron a vivir lejos.
Los que se quedaron aprendieron a esperar.”
A partir de ese instante, la propuesta trascendió el hecho artístico para convertirse en un espejo de la propia vivencia del público:

  • Los que partieron: Quienes, en sus regresos esporádicos, redescubren aquellas pequeñas marcas identitarias que los siguen haciendo sentir parte del pago chico —una esquina, una fachada, un tono de voz o un paisaje— y experimentan el eco de aquel pensamiento inevitable: “Aquí fui feliz.”
  • Los que permanecieron: Quienes sostienen el día a día del pueblo, aprendiendo la paciencia de la espera y transformando el clásico interrogante "¿cuándo venís?" en una caricia cotidiana: "¿Cómo estás?"

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Un cierre para la reflexión

El recorrido del espectáculo transitó con delicadeza por los puntos de encuentro entre la memoria, la ausencia y el transcurrir del tiempo. Hacia el final, el mensaje de la obra dejó una huella imborrable en los espectadores con una reflexión final:

Nadie ganó.
Nadie perdió.
Solo se trata de vivir.
La presentación constituyó un tributo excepcional por los 150 años de Pilar, logrando honrar tanto a los que emigraron como a los que eligieron quedarse, y celebrando esas pequeñas grandes cosas que reafirman la identidad local. Al caer el telón, la sensación generalizada fue la misma: cada asistente se retiró con un fragmento propio de aquella historia, confirmando que, al menos por una noche, Pilar se encontró cara a cara con sus recuerdos.



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